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  Textos propios    2006
 
En torno al concepto de alienación

En el capítulo "El trabajo alienado" de los Manuscritos de 1844, en el cual Marx anuncia ya la crítica de algunos conceptos capitales de la economía política clásica, se encuentra la concepción fundamental de aquello que para Marx es la esencia genérica de la actividad de los individuos. A nuestro parecer, esta concepción de Marx no solamente nunca ha sido criticada al menos desde la perspectiva misma del proyecto de una "realización de la filosofía" sino que ha servido escandalosamente de base a la expansión material y a la defensa espiritual del mundo del capital.

En este capítulo de los Manuscritos, los conceptos de trabajo y de actividad vital que Marx toma de la economía política de la época y que forman la base de su definición de la alienación social desembocan por su ambivalencia en el peor contrasentido cuando se los remite críticamente a la determinación que establece Marx de la esencia genérica de la actividad humana a partir de la diferencia entre hombre y animal. Contrasentido que el título mismo de este capítulo ilustra a la perfección.

El error central de Marx sobre esta cuestión capital no reside, por supuesto, en el hecho de considerar que la alienación social sea la alienación de la actividad genérica de los hombres, sino en el hecho de concebir y definir tal actividad genérica como trabajo.

El trabajo, no sólo como concepto de la economía política, reformada o no por Marx, sino como simple realidad sociohistórica interpretada por la "idea económica", presupone pues la renuncia voluntaria o involuntaria, conciente o inconsciente a la actividad genérica de mediación de sí por parte del individuo. Mediación de sí y de la totalidad que define precisamente la actividad del hombre como genérica y universal.

Para el comanditario, la mediatización de los otros se opone a la mediatización de sí; para el ejecutante de esta exterior voluntad del comanditario, la mediatización de sí se opone a la mediatización de los otros. En estos dos polos aparentemente opuestos de capital y trabajo, la vida genérica se aleja en la abstracción de un sistema del trabajo y la vida individual se aleja en la concreción brutal de su ejecución.

El sistema del trabajo, el capital, que es la manifestación social la más general de la autodiferenciación del género y del individuo, de la separación y alienación de la potencia genérica de mediación de la totalidad, se presenta sin embargo como la identidad de género e individuo. Cosa que, de Marx hasta nuestros días ha llegado a ser una suerte de dogma ontológico, por no decir teológico, de base del funcionamiento del capital.

Pero el capital no es el género humano sino la potencia de su alienación, y el trabajo no es el individuo sino la sujeción brutal a la producción de esta alienación.

José Fernández Véliz
 
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