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hacia su negación, hacia la crítica social y su realización.

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  Textos propios    2006
 


Editorial de criticasocial.cl
Marzo 2006


Críticasocial.cl se aventurará en un territorio, hasta hace poco, paradójicamente virgen para el “área de castigo chilena” cual es el de la crítica unitaria de la sociedad. De una sociedad unitariamente totalitaria y universal, imperante con toda la panóplia de su ortopedia material y espiritual también en nuestros parajes. En efecto, a pesar de los sucesos doblemente trágicos y trascendentes de los últimos treinta años de la historia de Chile, Critica social constata que aún no se ha hecho visible ni audible el surgimiento desde las entrañas mismas de estos sucesos el juicio definitivo y libre por el que estos contenidos consuman su sentido profundmente revolucionario.
A tal punto que poco hay que cambiar a lo que en la fugaz revista Nexo decíamos hace ya una docena de años. La citamos aquí para retomar a modo de introducción el hilo de Ariadna de nuestra crítica que in crescendo brilla aunque todavía tenuemente en esta noche de neón:

" La historia de Chile se ha visto constantemente reducida, material e intelectualmente, a la historia del Estado chileno Aparentemente protagonista invariable y principal de los cambios generales que han ocurrido en esta república desde su existencia primera. La historia social, es decir, la lucha de grupos humanos concretos por intereses generales divergentes, profundamente excluyentes, ha sido en definitiva obliterada y progresivamente trastocada en una historia puramente política.
Lo que se ha dado en llamar el período de formación del Estado chileno, bajo el signo del autoritarismo portaliano, y que va prácticamente hasta fines del siglo XIX, no es sino la traducción política eufemística de la consumación final de una larga guerra propiamente social. La guerra de exterminación e integración, en una palabra, de liquidación de la sociedad araucana (la guerra del sur).
El período que aquí llamaremos un tanto esquemáticamente de internacionalización mercantil del Estado chileno no es menos la traducción política de una guerra social ya no racial, como la guerra del sur en torno a la explotación agropecuaria del territorio, sino de clases al interior de las fronteras nacionales y en torno a la explotación humana por parte de la industria minera, período de consolidación que corresponde a la supresión física y espiritual de las primeras organizaciones proletarias autónomas (guerra del norte).
El período de consagración (mundialización) del Estado chileno, del cual vivimos hoy nosotros la ascensión final al limbo del capital mundial es la introducción política y social de Chile al mundo de la simulación total luego del resurgimiento abortado de una guerra social que en menos de tres años (1971-1973) y en más de quince barrió con toda posibilidad e ilusión de una representación política de los intereses sociales antagónicos (la guerra del interior).
La historia social de Chile ha sido y es aún esencialmente la historia de su pacificación.
La peculiaridad del período actual, en lo que a la pacificación de la guerra social se refiere, período abierto, mal que le pese a muchos, gracias al marco constitucional de la dictadura finalmente acatado alegremente por toda la representación política existente, desde la ultra derecha hasta los restos de lo que fue el izquierdismo nacionalista; período en el cual a pesar de toda la importancia que los señorones demócratas se dan, Pinochet sigue siendo la figura central de la comedia. La peculiaridad – decimos – del período actual es este consenso TOTALITARIO a través del cual la apariencia de una pacificación social definitiva coloniza en las mentes todo el territorio de lo posible y el aún más peligroso territorio de "lo imposible". La realidad que da origen a esta organización de la INVISIBILIDAD de la negación de la sociedad presente es sin duda compleja y está lejos de ser una particularidad chilena del poder aún cuando tal organización deba considerarse hoy, aquí, como el elemento de defensa estratégico fundamental de los pulentos y opulentos del país.
Una publicación como la presente no estriba sólo en la denuncia del consenso totalitario sobre el cual se yerguen los Estados tecnológicos modernos, democráticos o no, ni en la mera denuncia de la invisibilidad de lo real que la comunicación mediática en general procura al buen ciudadano. Su propósito central abunda en el desmontaje teórico y práctico de los mecanismos tanto sicológicos, históricos como sociales a través de los cuales la simulación del poder y el poder de la simulación son interiorizados mansamente por los individuos atomizados. Contribuir pues al movimiento general de negación de la sociedad mercantil que desde el interior de ésta debe finalmente abatir al capital y su ley. He aquí el verdadero rock'n roll.
Nexo es el comienzo del rechazo a lo que, con los medios más sofisticados, mantiene separados en el tiempo y en el espacio el pensamiento y la acción de los individuos históricos. Es pues, también, el nexo con la historia pasada en lo que ella tiene de absolutamente presente, es decir, en primer lugar, la amenaza constante para sus maquilladores de hoy. Los hombres del poder transforman, ayer como hoy, radicalmente el pasado para conservar y perpetuar su poder sobre el presente. Nuestro objetivo es entonces simple, pero magno: tranformar radicalmente el presente, primero por el placer de realizar nuestra propia esencia y luego con el fin no menos placentero de conocer realmente y conservar lo que siendo del pasado lo merece. Nexo apunta a profundizar su crítica con aquellos que más allá de toda frontera, se levantan actualmente contra la simulación total de la vida.
Para comprender cabalmente la alquimia social gracias a la cual Chile ha transformado el plomo militar de estos últimos años de su historia en brillantina de teleserie con la que se pretende justamente hacer aceptar y redimir el electrochoc de la dictadura, velando así en definitiva los contenidos reales de su historia reciente, es necesario partir del análisis de este singular resultado: la democracia. Un producto absolutamente nuevo aquí, esencialmente distinto de lo que fue la democracia postergada del republicanismo tradicional y fundacional de Chile, un ácido destilado internacionalmente, una democracia imaginaria realmente vivida. Sin duda, el sistema o procedimiento más refinado y completo de sometimiento del cuerpo y del espíritu humanos a los fines tecnológicos del capital. La Esclavitud voluntaria de La Boétie corregida y aumentada por esta libertad obligatoria orwelliana que la comunicación mediática unilateral genera y que el individuo modernamente pobre interioriza ávidamente. La imagen, el simulacrum, como la llamaba la cristiandad medieval, devenida realidad; la realidad suprimida por la imagen.
Es por ello que, comenzando por el comienzo, este primer número de Nexo abordará algunos aspectos más concretos o particulares de la historia reciente de Chile en entregas posteriores.
Pero sepamos desde ya, gracias al "más respetado historiador latinoamericano de las últimas décadas", según la Hispanic American Historical Review, en todo caso uno de los defensores más lúcidos que haya tenido la dictadura, Mario Góngora, que las políticas "desde 1920 a 1970 habían evitado, precisamente, una revolución".
 

 
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